Ayer dejamos a Hiram Butler defendiendo una astrología que colocaba el Sol en el centro. Su Solar Biology permitía describir el carácter de una persona partiendo fundamentalmente del signo ocupado por el Sol al nacer.
La idea había encontrado seguidores. Se publicaban libros, folletos y hasta una revista dedicada a desarrollar aquel sistema. Sin embargo, seguía moviéndose dentro de círculos relativamente pequeños. Butler había demostrado que podía construirse una astrología mucho más sencilla alrededor del Sol, pero todavía faltaba algo decisivo: convertir esa simplificación en un producto capaz de llegar a mucha gente.
Ahí entra Alan Leo.
Su verdadero nombre era William Frederick Allan. Nació en Londres en 1860 y pasó por diversos trabajos antes de encontrarse con la astrología. En 1885, mientras administraba una tienda de alimentación en Manchester, conoció a un tal doctor Richardson, que comenzó a enseñarle la materia. Dos años después regresó a Londres y entró en contacto con un pequeño grupo de personas interesadas por la astrología y el ocultismo.
En principio, nada hacía pensar que aquel vendedor acabaría convirtiéndose en una de las personas más importantes de la astrología moderna.
Alan Leo entendió algo que otros no habían entendido todavía
A finales del siglo XIX había astrólogos, libros, almanaques, revistas y asociaciones. El problema seguía siendo el mismo que hemos encontrado muchas veces durante esta serie: la astrología completa era complicada.
Para levantar un horóscopo individual había que conocer la hora y el lugar de nacimiento, realizar cálculos y después interpretar planetas, casas, aspectos y otras muchas variables.
El signo solar ofrecía otra posibilidad. Bastaba conocer la fecha de nacimiento.
Esto no lo inventó Alan Leo. Después de catorce entregas ya sabemos que semejante afirmación sería insostenible: habíamos encontrado antecedentes miles de años antes, descripciones solares explícitas en el siglo XVI y, en el XIX, la propia Solar Biology de Butler.
Lo que Leo ayudó a cambiar fue la escala. Farnell lo sitúa, junto con Evangeline Adams en Estados Unidos, entre las dos figuras que consiguieron llevar la astrología de signo solar mucho más allá de los pequeños círculos que habían acogido Solar Biology.
La astrología empezó a convertirse también en una industria editorial
Leo comprendió muy bien las posibilidades de las publicaciones periódicas, los libros y los servicios astrológicos enviados por correspondencia.
Su actividad editorial acabaría vinculada a The Astrologer’s Magazine, posteriormente Modern Astrology, y a una extensa producción de manuales. El astrólogo ya no tenía que esperar necesariamente a que alguien acudiese personalmente a su consulta: podía llegar hasta el lector mediante una revista, un libro o un informe.
Y eso cambia mucho más de lo que parece. Durante buena parte de nuestra historia, acceder a la astrología había significado acudir a alguien que supiera practicarla. Ahora cada vez resultaba más fácil consumir astrología directamente. El signo solar encajaba perfectamente en ese nuevo mundo.
En 1909 publicó un libro con un título que decía mucho
Se llamaba Everybody’s Astrology: la astrología de todo el mundo.
El propio título resume bastante bien la dirección en la que se estaba moviendo la disciplina. Farnell señala esta obra dentro del proceso mediante el cual Leo fue dando cada vez mayor importancia al Sol y a los signos en su divulgación.
Aquí empieza a producirse además otro cambio importante. Las descripciones zodiacales antiguas que hemos ido encontrando podían hablar de constitución física, fortuna, enfermedades, temperamento o destino. Con Alan Leo se fortalece una astrología mucho más interesada por el carácter y la vida interior.
No es casualidad. Leo estuvo profundamente relacionado con la Teosofía, de la que hablamos hace unos días. Dentro de aquel ambiente, la astrología podía entenderse menos como un catálogo cerrado de acontecimientos futuros y más como una herramienta para interpretar la naturaleza y el desarrollo de la persona. El Sol adquiría entonces una posición privilegiada.
Del destino al «quién soy»
Aquí tenemos probablemente una de las transformaciones más importantes de toda nuestra historia.
Pensemos en la distancia recorrida. Los antiguos observaban el cielo para tratar de comprender el destino de reyes y naciones. Siglos después encontramos textos que atribuían características a quienes nacían durante determinados periodos del año. Más tarde llegaron libros populares, almanaques, horóscopos solares y la Solar Biology.
Ahora la pregunta empezaba a desplazarse con más claridad hacia otra dirección: ¿qué dice mi signo acerca de mí?
Todavía no estamos ante el horóscopo de doce párrafos de cualquier periódico moderno. Tampoco todo el trabajo de Alan Leo se reducía al signo solar; practicaba y enseñaba una astrología muchísimo más amplia.
Eso es importante porque sería muy fácil contar esta historia al revés y convertirlo en «el inventor de la astrología de signos», pero no lo fue: su importancia está en otra parte, en haber ayudado a convertir el Sol en una de las grandes puertas de entrada a la astrología moderna. Y una puerta que cualquiera podía abrir sabiendo únicamente cuándo había nacido.
Al otro lado del Atlántico estaba ocurriendo algo parecido
Mientras Alan Leo desarrollaba este modelo en Gran Bretaña, una mujer estaba convirtiéndose en una celebridad astrológica en Estados Unidos.
Atendió a personas ricas y famosas, se enfrentó a los tribunales, utilizó los nuevos medios de comunicación y publicó libros destinados a un público enorme. También comprendió perfectamente el valor del signo solar.
Se llamaba Evangeline Adams. Y su historia nos acercará todavía más al momento en que la astrología dejó de ser algo que había que ir a buscar y empezó a llegar directamente a millones de personas.
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Mañana: Evangeline Adams, la mujer que convirtió la astrología en un fenómeno de masas en Estados Unidos.


