Ayer dejamos a Alan Leo convirtiendo el Sol en una de las grandes puertas de entrada a la astrología moderna.
Mientras aquello ocurría en Gran Bretaña, al otro lado del Atlántico otra persona estaba recorriendo un camino parecido. Pero lo hizo en un país donde los medios de masas, la publicidad y el comercio estaban transformando rápidamente la manera de llegar al público.
Se llamaba Evangeline Adams. Llegó a Nueva York en 1899. Y en muy poco tiempo consiguió algo que hasta entonces pocos astrólogos habían logrado: convertirse en una celebridad.
Farnell la considera una de las figuras más influyentes en el desarrollo de la astrología estadounidense y señala que su trabajo ayudó a colocar definitivamente la astrología de signo solar en el mapa norteamericano.
Una predicción y un hotel en llamas
La historia de su llegada a Nueva York tiene todos los ingredientes de una buena leyenda profesional.
Adams se alojaba en un hotel propiedad de Warren Leland. Después de estudiar su situación astrológica, le advirtió de que se encontraba ante un peligro importante. Leland pensó inicialmente que podría tratarse de sus inversiones financieras, pero al continuar hablando con él sobre acontecimientos anteriores relacionados con configuraciones semejantes, Adams acabó advirtiéndole sobre un posible incendio.
Al día siguiente el hotel ardió. Los periódicos aprovecharon inmediatamente la historia: Leland declaró públicamente que Adams había predicho el incendio el día anterior. Su nombre apareció en primera plana y su carrera despegó.
No necesitamos convertir este episodio en una demostración de que la astrología predijo el incendio. Lo que sí sabemos es que la prensa convirtió aquella historia en publicidad extraordinaria para Adams, y a partir de entonces comenzó a atender a una clientela cada vez más conocida.
El astrólogo ya podía convertirse en personaje mediático
Esto supone un cambio importante respecto a muchas figuras que hemos conocido hasta ahora. William Lilly había tenido notoriedad pública en el siglo XVII, Torres Villarroel había convertido sus almanaques en productos populares, Raphael había creado una marca editorial y Alan Leo había desarrollado revistas, libros y horóscopos por correspondencia.
Evangeline Adams añadió otro elemento: la celebridad personal. Su nombre era parte del producto. Los periódicos hablaban de ella, las personas famosas acudían a consultarla y sus predicciones se convertían en noticia.
La astrología ya no necesitaba presentarse únicamente mediante un tratado o un almanaque. También podía llegar al público a través de una personalidad reconocible. Es una lógica que después veremos repetida una y otra vez en radio, televisión y prensa.
Pero para nuestra historia hay algo todavía más importante
Adams no se limitó a practicar astrología individual. Publicó obras destinadas a lectores que jamás acudirían personalmente a una consulta. Entre ellas estaba Your Place in the Sun: tu lugar en el Sol.
Farnell señala que la primera parte del libro se apoyaba ampliamente en Solar Biology, el sistema de Hiram Butler que vimos hace dos entregas. Aquí la línea histórica empieza a resultar extraordinariamente clara: Butler había defendido que podía describirse el carácter concediendo al Sol un peso fundamental, Alan Leo había reforzado la centralidad solar dentro de una astrología cada vez más centrada en la personalidad, y ahora Adams llevaba una forma de ese enfoque a un mercado estadounidense enorme.
El Sol como fundamento del carácter
En Your Place in the Sun se llega a explicar que la denominada biología solar se concentra en la influencia del Sol y que este desempeña un papel fundamental en la individualidad.
No estamos ya siguiendo una pista remota. La relación está explícita: Sol → individualidad → signo de nacimiento → carácter. Ese esquema es prácticamente el corazón de la astrología popular de signos que terminará dominando buena parte del siglo XX.
Y Adams no lo dejó encerrado dentro de un libro. Lo convirtió también en un producto mucho más pequeño, barato y fácil de distribuir.
Doce folletos para doce tipos de lectores
Evangeline Adams mantenía un importante negocio de horóscopos por correspondencia. De aquella actividad surgieron folletos dedicados a los signos solares, con interpretaciones de carácter semejantes a las que todavía podemos encontrar actualmente.
Y aquí aparece uno de los momentos más claros de toda nuestra serie. Los folletos no necesitaban llevar en la portada grandes explicaciones sobre astrología, ni siquiera utilizaban necesariamente el nombre del signo como elemento principal: se identificaban mediante las fechas correspondientes al periodo zodiacal.
El lector solo tenía que hacer algo extremadamente sencillo: mirar su fecha de nacimiento, encontrar el folleto correspondiente y leer una interpretación sobre sí. No necesitaba conocer la hora ni el lugar de nacimiento, calcular un Ascendente, ni entender aspectos, casas o dignidades. Solo necesitaba reconocer su fecha.
Y podían comprarse en Woolworth
Aquí es donde la historia cambia realmente de escala. Farnell señala que aquellos folletos tuvieron una amplia distribución a través de las tiendas Woolworth en Estados Unidos.
Pensemos en lo que significa. La astrología de signo solar ya no estaba únicamente en una consulta, en una sociedad esotérica, en una revista especializada o en un libro para personas particularmente interesadas. Podía encontrarse en una cadena comercial. Alguien podía entrar en una tienda por cualquier otro motivo y salir con una descripción astrológica de quienes habían nacido durante su periodo del año.
La distancia entre esto y comprar hoy una revista, abrir una aplicación o buscar tu signo en Internet resulta ya bastante pequeña.
Además utilizaba a personas famosas como ejemplo
Los folletos incorporaban otra técnica muy eficaz: Adams utilizaba cartas de celebridades para ejemplificar las características asociadas con cada signo. Esta combinación sobrevivirá durante todo el siglo XX y llega perfectamente hasta nuestros días.
Una persona conocida sirve para convertir una descripción abstracta en algo reconocible. En lugar de explicar únicamente determinadas características zodiacales, puedes señalar «mira quién nació también durante este periodo». El lector recibe así dos cosas a la vez: una interpretación personal y una referencia cultural conocida.
La astrología estaba aprendiendo a hablar el idioma de los medios de masas.
¿Y Aleister Crowley?
Aquí aparece uno de los episodios más curiosos de la historia de Adams.
En 1916 conoció al ocultista Aleister Crowley durante una cena organizada por el editor de The New York World. Se habló incluso de que Crowley escribiera un libro de astrología para ella. La relación acabó mal.
Sin embargo, la historia no terminó ahí. Durante mucho tiempo existieron sospechas de que Crowley había escrito una parte sustancial de algunos libros publicados posteriormente bajo el nombre de Adams. Farnell explica que Crowley reclamó su autoría ante la editorial y que esa contribución terminó siendo reconocida legalmente mucho después, en 1999.
Esto introduce una dificultad interesante: no podemos atribuir con total seguridad cada formulación de esos libros exclusivamente a Adams. Pero para la historia que estamos siguiendo existe un dato más importante que la identidad exacta de quien redactó cada párrafo: los libros aparecieron bajo el nombre de Evangeline Adams, llegaron al público y contribuyeron a difundir una astrología fuertemente centrada en el Sol. El fenómeno editorial existió independientemente de la disputa de autoría.
De la consulta individual al producto repetible
Aquí merece la pena detenerse.
Una consulta astrológica tradicional es difícil de convertir en un producto de masas: cada persona requiere una carta diferente, cada interpretación exige tiempo y cada nacimiento produce una combinación distinta.
El signo solar resuelve gran parte de ese problema editorial. En lugar de crear millones de interpretaciones individuales, se pueden crear doce grandes categorías válidas para todo el mundo. Naturalmente, se pierde una cantidad enorme de información individual, pero se obtiene algo que los medios necesitan: simplicidad, repetibilidad, facilidad de distribución.
Adams comprendió —o al menos explotó extraordinariamente bien— esa posibilidad.
El signo empezó a convertirse en una puerta de entrada comercial
Esta es una parte de la historia que a veces se pasa por alto. El éxito del signo solar no depende únicamente de una evolución de las ideas astrológicas. Depende también de una cuestión práctica: es un formato extraordinariamente fácil de distribuir.
Butler podía escribir doce grandes descripciones. Alan Leo podía publicar doce tipos zodiacales. Adams podía vender doce folletos. Más adelante un periódico podría publicar doce párrafos, una emisora podría hablar para doce grupos, una revista podría dedicar una página a doce signos, e Internet podría generar millones de contenidos a partir de esos mismos doce nombres.
La reducción técnica tiene un coste. Pero su ventaja comunicativa es enorme.
Adams estaba construyendo algo que reconocemos perfectamente hoy
Llegados a este punto, podemos reunir las piezas: una figura pública, medios de comunicación, libros accesibles, venta por correspondencia, productos baratos, celebridades utilizadas como ejemplo, doce categorías fáciles de identificar, interpretaciones centradas en el carácter y la fecha de nacimiento como única información imprescindible.
Estamos en las primeras décadas del siglo XX. Todavía no hemos llegado a la famosa columna de R. H. Naylor de 1930. Pero el mundo que hará posible ese fenómeno ya está prácticamente construido.
Y todavía faltaba otra batalla
Evangeline Adams no solo tuvo que convencer al público. También tuvo que convencer a un tribunal.
En 1914 fue detenida por segunda vez bajo las leyes contra la adivinación. Esta vez decidió enfrentarse a los cargos. El juicio acabaría convirtiéndose en uno de los episodios más citados de la historia de la astrología estadounidense y ayudaría a definir jurídicamente qué podía considerarse astrología y qué podía considerarse simple adivinación.
Eso merece una entrega propia. Porque durante décadas la popularización de la astrología no dependió únicamente de encontrar lectores: también dependió de poder practicarla legalmente.
Si acabas de descubrir esta serie, puedes suscribirte gratuitamente para recibir las siguientes entregas a medida que las vaya publicando.
Mañana: el día en que Evangeline Adams tuvo que defender la astrología ante un tribunal.



