Durante las últimas entregas hemos seguido un camino bastante claro: primero vimos cómo se fue formando el zodiaco, después cómo determinadas cualidades empezaron a asociarse con los signos y más tarde aparecieron calendarios, manuales, textos médicos, libros populares y traducciones que hicieron circular ese conocimiento entre públicos cada vez más amplios.
Hasta aquí todavía había una dificultad. Cuando un texto medieval decía que alguien había nacido «bajo Aries», no siempre podíamos estar seguros de qué quería decir exactamente: podía referirse al Ascendente, podía depender de la Luna o podía formar parte de una técnica más compleja.
En el siglo XVI encontramos algo mucho más difícil de confundir: un autor que dice expresamente que, cuando habla del signo ascendente, no se refiere al Ascendente calculado para la hora del nacimiento. Se refiere al signo donde está el Sol.
Ese autor fue Johannes Indagine, también conocido como John of Indagine. Y aquí la historia del signo solar da un salto importante.
Una astrología «natural»
Indagine publicó en 1522 una obra que combinaba astrología, fisiognomía y quiromancia. Su planteamiento distinguía entre una astrología más compleja, que exigía levantar un horóscopo, y otra forma que consideraba más natural y accesible. En esa segunda vía, el Sol tenía un papel fundamental.
Farnell recupera una declaración de Indagine especialmente reveladora: cuando utiliza la palabra «ascendente» en este contexto, aclara que no está hablando del Ascendente horario de una carta natal, sino del signo que ocupa el Sol en ese momento.
Eso cambia bastante nuestra perspectiva, porque ya no tenemos que deducir si determinada referencia zodiacal podría estar relacionada con el Sol. El propio autor nos lo está diciendo.
El Sol como punto de partida
Indagine consideraba que la posición solar permitía obtener información significativa sobre la persona nacida bajo un determinado signo. También menciona la Luna y no abandona por completo otros factores astrológicos; su sistema no equivale exactamente a la astrología solar que conocemos hoy. Conviene mantener esa diferencia.
Aun así, dedica un espacio considerable a explicar qué cabe esperar de quienes nacen mientras el Sol recorre cada uno de los doce signos, e incluye incluso las fechas aproximadas correspondientes. Así, una persona podía determinar su grupo zodiacal sin necesidad de conocer la hora exacta de nacimiento ni calcular una carta completa. Bastaba con saber cuándo había nacido.
La mecánica empieza a resultarnos sorprendentemente familiar.
¿Qué decía de Aries?
Las descripciones de Indagine son extensas y, vistas desde hoy, bastante pintorescas. Para quienes nacen mientras el Sol está en Aries, por ejemplo, habla de temperamento, carácter, posición económica, relaciones con otras personas, peligros físicos, longevidad e incluso diferencias según el nacimiento sea diurno o nocturno.
No necesitamos asumir que esas interpretaciones tengan validez actual para reconocer lo que representan históricamente. Tenemos ya los tres elementos básicos: una fecha de nacimiento, un signo solar y una descripción de la persona.
Ese esquema es esencialmente el mismo que siglos después utilizarán innumerables libros populares dedicados a explicar cómo son Aries, Tauro, Géminis o cualquier otro signo. La interpretación cambia, el contexto cambia, pero la estructura permanece.
Las fechas no coinciden exactamente con las actuales
Algunas fechas que ofrece Indagine llaman la atención. Sitúa, por ejemplo, la entrada del Sol en Aries alrededor del 10 u 11 de marzo y su permanencia hasta aproximadamente el 10 u 11 de abril.
Eso no coincide con las fechas que utilizamos actualmente. Farnell recuerda un detalle fundamental: Indagine escribía antes de la introducción del calendario gregoriano, y el desfase del calendario juliano explica que sus fechas nos resulten desplazadas respecto a las actuales. Este detalle es importante porque evita cometer un error habitual al leer fuentes históricas: juzgar sus fechas como si utilizaran nuestro mismo calendario. No era así.
Mucho antes de los periódicos
Indagine escribió más de cuatro siglos antes de que R. H. Naylor apareciera en el Sunday Express. Y su obra no quedó encerrada en un manuscrito desconocido: fue traducida al inglés en 1558 por Fabian Withers y alcanzó una difusión considerable. Farnell señala que tanto la obra de Indagine como las de autores que siguieron enfoques semejantes fueron reeditadas repetidamente durante los siglos posteriores.
Por tanto, ya no estamos hablando únicamente de una coincidencia aislada. Tenemos una tradición impresa, y esa tradición empezó a circular.
Agrippa también entra en escena
Otro de los grandes nombres del siglo XVI fue Heinrich Cornelius Agrippa, conocido sobre todo por De Occulta Philosophia, una de las obras fundamentales del ocultismo renacentista. También ofreció descripciones detalladas de los signos zodiacales que serían citadas posteriormente por otros autores. Siglos después, el astrólogo Raphael recurrió precisamente a Agrippa cuando hablaba de una antigua tradición del «horóscopo solar».
En esas descripciones encontramos nuevamente la misma lógica: personas nacidas durante el periodo en que el Sol está en determinado signo reciben una caracterización concreta. Esto refuerza una idea que ya resulta difícil de ignorar: la astrología solar no dependió de un único autor. Formaba parte de una corriente más amplia.
Jean Taisnier continuó el camino
Unas décadas después encontramos a Jean Taisnier, que escribió sobre astrología, fisiognomía y quiromancia y tomó directamente elementos de la obra de Indagine. Farnell señala que Taisnier defendió esta forma de «astrología natural» aproximadamente un cuarto de siglo después de la aparición del trabajo de Indagine. Las obras de ambos siguieron publicándose con frecuencia.
Esto nos permite ver cómo una idea empieza a transmitirse entre autores. No estamos ya ante una pista dispersa: estamos viendo continuidad.
Junctinus y las fechas solares
Otro nombre relevante es Francesco Giuntini, conocido habitualmente como Junctinus. Fue teólogo y astrólogo y es recordado, entre otras cosas, por su trabajo sobre el Tetrabiblos de Ptolomeo.
Farnell es prudente con él: no afirma que practicara necesariamente la misma astrología simplificada que Raphael le atribuyó después. Sin embargo, Junctinus ofrece descripciones detalladas de cada signo y señala las fechas durante las cuales el Sol ocupa cada uno de ellos. Ese material podía ser utilizado fácilmente dentro de interpretaciones solares.
Aquí merece la pena mantener la diferencia entre dos cosas: una es lo que un autor practicó de forma explícita, y otra es cómo sus textos pudieron servir posteriormente a quienes desarrollaban astrología de signo solar. No son afirmaciones equivalentes.
El siglo XVI cambia la calidad de la evidencia
Hasta ahora habíamos trabajado muchas veces con antecedentes: textos donde el mes de nacimiento importaba, significados zodiacales, descripciones de quien «nace bajo» un signo, calendarios populares. Todo eso era relevante, aunque exigía cautela.
Con Indagine tenemos algo más preciso. Un autor del siglo XVI dice claramente que su referencia es el signo ocupado por el Sol y construye a partir de ahí descripciones de quienes nacen durante cada periodo zodiacal. Por eso Farnell lo considera uno de los primeros astrólogos solares documentados en términos de caracterización personal.
No necesitamos afirmar que inventó la astrología de signo solar. La propia historia que llevamos seis entregas contando muestra por qué esa afirmación sería demasiado simple. Sí podemos decir algo mucho más sólido: a comienzos del siglo XVI encontramos una forma explícita y documentada de describir a las personas a partir del signo ocupado por el Sol. Eso ocurrió más de cuatrocientos años antes de Naylor.
La pregunta empieza a invertirse
Al comenzar esta serie nos preguntábamos si la astrología de signo solar era realmente tan antigua como parecía sugerir Farnell. Después de recorrer Babilonia, la Edad Media, Toledo, los calendarios y ahora el Renacimiento, la pregunta empieza a ser otra: ¿cómo pudo terminar imponiéndose la idea de que todo esto había nacido en 1930?
La respuesta tendrá que esperar todavía, porque antes de llegar al periódico falta otro vehículo de comunicación decisivo. Durante varios siglos, millones de personas consultaron publicaciones baratas para saber cuándo sembrar, cuándo viajar, cuándo sangrarse, cuándo cortarse el pelo, qué tiempo esperar y qué anunciaban los cielos. Esas publicaciones acompañaron la vida cotidiana europea durante generaciones.
Se llamaban almanaques.
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Mañana: cómo los almanaques convirtieron la astrología en una presencia cotidiana dentro de millones de hogares.


