En la entrega anterior dejamos el signo solar instalado en la cultura popular. Ya aparecía en canciones, series de televisión, conversaciones sobre relaciones y en esa pregunta que durante los años sesenta empezó a escucharse cada vez con más frecuencia: «¿qué signo eres?».
La astrología de signo solar había llegado muy lejos, aunque seguía existiendo principalmente en pequeños formatos: columnas de prensa, revistas, artículos y libros populares de alcance desigual.
En 1968 apareció una obra que cambió la escala. Se titulaba Sun Signs. Su autora era Linda Goodman.
El libro llegó a la lista de bestsellers de The New York Times y, según Kim Farnell, superó los cinco millones de ejemplares vendidos. Más importante para nuestra historia: convirtió las descripciones de los doce signos en material suficiente para llenar un libro de más de quinientas páginas dirigido a un público general.
Después de siglos intentando simplificar la astrología, alguien había demostrado que aquella simplificación podía sostener por sí sola un fenómeno editorial gigantesco.
El signo solar ya estaba preparado para un libro así
Goodman no apareció en un vacío.
En 1968, la astrología de signo solar estaba bien establecida en periódicos y revistas. El público conocía las doce categorías y llevaba décadas leyendo pequeñas descripciones de personalidad y previsiones asociadas a ellas. Lo que faltaba era desarrollar aquellas categorías con mucha más profundidad.
Hasta entonces una persona podía abrir el periódico, buscar Escorpio y leer unas pocas líneas. Goodman ofrecía algo distinto: podías comprar un libro, ir directamente a Escorpio y encontrarte con páginas y páginas dedicadas a cómo supuestamente piensa, siente, trabaja o se relaciona una persona nacida bajo ese signo.
El salto era considerable. El signo solar dejaba de ser únicamente una pieza breve de consumo diario y podía convertirse en un retrato extenso de personalidad.
Sun Signs no intentaba predecir el futuro
Este detalle es fundamental.
Farnell señala que el libro no estaba dedicado a realizar predicciones. Sus 549 páginas se concentraban en describir personalidad y comportamiento.
Eso sitúa a Goodman dentro de una transformación que llevamos siguiendo desde Alan Leo y Evangeline Adams: la astrología popular se había desplazado progresivamente hacia una pregunta que podía interesar incluso a alguien sin ninguna preocupación por conocer el futuro, ¿cómo soy?
Goodman organizó esa pregunta alrededor de los doce signos y la trasladó a situaciones cotidianas. Cada signo podía aparecer dividido según distintos papeles sociales: hombre, mujer, niño, jefe o empleado, entre otros. Muchas de esas categorías reflejan claramente las convenciones sociales de su época y algunas han envejecido bastante. El mecanismo editorial, en cambio, sigue siendo perfectamente reconocible: el lector busca una persona conocida, identifica su signo y compara lo que lee con su experiencia.
El libro se podía utilizar inmediatamente
Aquí encontramos una de las razones de su enorme accesibilidad.
Imagina que alguien te habla de una persona Capricornio. No necesitas disponer de su hora de nacimiento. Tampoco hace falta levantar su carta natal ni conocer la posición de la Luna, Venus, Marte o el Ascendente. Abres el capítulo correspondiente y empiezas a leer. Lo mismo sirve para una pareja Géminis, una hija Piscis, un jefe Virgo, una amistad Sagitario o cualquier otra persona cuya fecha de nacimiento conozcas.
El libro convertía la astrología en una herramienta social de uso inmediato. Y esa facilidad tenía una consecuencia muy poderosa: podías probarla con las personas que conocías.
El lector no tenía que aceptar una teoría abstracta. Podía leer una descripción y compararla mentalmente con alguien de su entorno: «esto se parece mucho», «esto no encaja», «esto explica algo que siempre había observado». Esa experiencia de reconocimiento contribuye a explicar por qué los libros de signos se prestan tan bien a ser comentados, regalados y compartidos.
Linda Goodman tampoco inventó una técnica nueva
Farnell hace aquí una observación muy útil para no repetir el error que encontramos con Naylor.
La innovación de Goodman no estuvo en crear una nueva técnica astrológica. Lo que hizo fue reconocer hasta dónde había llegado el signo solar en la cultura popular y demostrar cuánto podía desarrollarse ese material para el público general.
Esta diferencia importa. A lo largo de la serie hemos visto cómo muchas figuras recibieron después una fama de «inventores» que simplificaba procesos históricos mucho más largos. Goodman tampoco inventó la descripción de personalidad mediante el Sol: habíamos encontrado ideas semejantes siglos antes. Butler había desarrollado su Solar Biology, Alan Leo había dado un enorme peso al Sol, Adams había publicado materiales solares, Cheiro había utilizado periodos de nacimiento, y los periódicos habían acostumbrado al público a buscar su signo.
Goodman recogió todo ese camino y lo convirtió en un producto editorial extraordinariamente eficaz.
Su propia entrada en la astrología dice bastante sobre el cambio de época
Farnell cuenta que Goodman empezó a interesarse por la astrología en 1963, viviendo en Nueva York. ¿Dónde consiguió sus primeros libros? En un supermercado.
Es un detalle pequeño que resume buena parte de nuestra historia. Siglos antes había hecho falta acceder a manuscritos, estudiar latín, encontrar tratados especializados o aprender junto a alguien que dominara la técnica. Ahora alguien podía encontrarse con libros de astrología mientras hacía una compra corriente.
Goodman estudió después con enorme dedicación y llegó a levantar cartas completas. Farnell relata periodos de estudio y escritura extremadamente prolongados.
El punto que nos interesa está en la puerta de entrada. La astrología estaba disponible. Y el signo solar había contribuido enormemente a esa disponibilidad.
El libro sencillo podía conducir a una astrología mucho más compleja
Aquí el libro de James Herschel Holden aporta un complemento muy interesante.
Holden, historiador de la astrología y astrólogo técnico, reconoce abiertamente la enorme popularidad de los libros de Goodman y destaca que su carácter no técnico permitía que prácticamente cualquier persona pudiera comprenderlos.
Su reflexión posterior merece atención. La astrología de signo solar ha recibido críticas tanto desde fuera como desde dentro de la propia astrología debido a su enorme simplificación. Aun así, Holden considera innegable que ayudó a mantener la astrología presente en la mente del público y señala que muchas personas que posteriormente se convirtieron en astrólogos comenzaron leyendo materiales de signos solares o guías diarias.
Ese recorrido sigue siendo fácil de reconocer: alguien empieza leyendo sobre Leo, después descubre que tiene la Luna en Tauro, averigua cuál es su Ascendente y va encontrando aspectos, casas, tránsitos. Lo que comenzó con una clasificación de doce posibilidades puede terminar convirtiéndose en el estudio de una carta natal completa.
La simplificación puede funcionar, por tanto, como puerta de entrada. Eso no elimina sus limitaciones, pero ayuda a entender su importancia histórica.
Aquí aparece una de las grandes paradojas de toda nuestra serie
Una carta natal pretende representar una combinación individual. El signo solar hace casi lo contrario: agrupa a la humanidad en doce grandes categorías. Cuanto más sencillo es el sistema, más fácil es difundirlo. Cuanto más individual es, mayor cantidad de información necesita.
Goodman llevó esta tensión muy lejos. En lugar de intentar compensar la simplificación añadiendo más técnica, hizo algo mucho más eficaz editorialmente: profundizó dentro de las doce categorías. No añadió Ascendentes para multiplicar las combinaciones, no exigió aprender casas ni convirtió el libro en un manual técnico. Tomó Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis y mostró cuánto contenido podía construirse alrededor de cada uno.
Para el lector común aquello era mucho más manejable que una carta natal.
Y cambió el tipo de libro astrológico que podía convertirse en bestseller
Holden afirma que los libros de Goodman fueron los textos astrológicos más populares de la segunda mitad del siglo XX y destaca el enorme volumen alcanzado por sus ventas.
La cifra exacta puede variar según la fuente y la edición que se contabilice. Lo importante para nuestra historia está bien documentado: Sun Signs tuvo un éxito extraordinario y colocó la astrología de signo solar en un nivel de visibilidad que los tratados técnicos difícilmente podían alcanzar.
Después llegarían Love Signs y Star Signs. La primera ampliaba una asociación que ya había crecido durante los años sesenta: signos y relaciones. Si conocer tu signo servía para describirte, parecía natural preguntar qué ocurría al relacionarlo con otro.
Ese camino acabaría generando uno de los mayores universos de contenido de la astrología popular: compatibilidad Aries con Libra, Tauro con Escorpio, Géminis con Capricornio, Cáncer con Acuario, y todas las demás combinaciones posibles. Una idea sencilla podía multiplicarse casi indefinidamente.
La historia del signo solar había alcanzado la madurez
Farnell utiliza una expresión muy gráfica al cerrar esta etapa: con Goodman, la astrología de signo solar había alcanzado finalmente su mayoría de edad.
Tiene sentido. Ya no dependía de una columna breve escondida junto a otras secciones de entretenimiento. Podía producir bestsellers, crear autoras reconocidas internacionalmente, funcionar como puerta de entrada a estudios posteriores y sobrevivir por sí misma como categoría editorial.
Lo que había comenzado como una simplificación útil terminó convirtiéndose en uno de los productos culturales más visibles asociados con la astrología.
Su enorme popularidad generaría inevitablemente una reacción. Porque cuanto más crecía la astrología de signos, más personas empezaban a preguntarse si aquello tenía algún fundamento. Y en 1975 la crítica adquirió una forma muy concreta: 186 científicos firmaron una declaración pública contra la astrología.
La siguiente entrega nos llevará a una de las mayores confrontaciones entre astrología popular y comunidad científica del siglo XX.
Si acabas de descubrir esta serie, puedes suscribirte gratuitamente para recibir las siguientes entregas a medida que las vaya publicando.
Mañana: 186 científicos contra la astrología y el debate que dio la vuelta al mundo.


