Todos sabemos nuestro signo. ¿Pero quién decidió que era importante?
La verdadera historia del signo solar · 01/30
Todos sabemos nuestro signo. ¿Pero quién decidió que era importante?
Casi cualquiera puede responder a una pregunta muy sencilla:
¿Cuál es tu signo?
Aries. Tauro. Géminis. Cáncer. Leo...
Incluso personas que no saben nada de astrología suelen conocerlo.
Pero hay una segunda pregunta bastante más interesante:
¿Por qué precisamente ese signo debería decir algo sobre nosotros?
Porque cuando decimos «soy Aries» o «soy Libra» estamos haciendo algo muy concreto: estamos tomando únicamente la posición del Sol en el momento del nacimiento y utilizándola para definir una parte de nuestra identidad. Y eso es, en realidad, una simplificación enorme de la astrología, porque una carta natal completa tiene en cuenta el Sol, la Luna, los planetas, el Ascendente, las casas, los aspectos, y necesita además la hora y el lugar exactos del nacimiento.
Sin embargo, para saber tu signo solar basta con conocer tu fecha de nacimiento. Ahí está una de las claves de su éxito.
Una astrología para millones de personas
Kim Farnell distingue al comienzo de The True History of Sun Sign Astrology dos formas básicas de astrología solar. La primera consiste en describir el carácter de una persona a partir del signo zodiacal que ocupaba el Sol cuando nació. La segunda utiliza ese signo solar como referencia para realizar pronósticos generales según la posición posterior de los planetas, y es esta última la que terminó dando lugar al formato que todos conocemos por periódicos, revistas y, más tarde, Internet: doce pequeñas previsiones, una para cada signo.
La ventaja resulta evidente: un horóscopo individual requiere cálculos, mientras que con doce previsiones es posible dirigirse, de una sola vez, a prácticamente toda la población. De pronto, la astrología puede convertirse en un producto de masas.
Pero aquí aparece el verdadero problema histórico.
¿Nació todo esto en 1930?
Existe una historia que se ha repetido durante décadas. Según esa versión, la astrología de signo solar prácticamente nació el 24 de agosto de 1930, cuando el astrólogo R. H. Naylor publicó una columna en el Sunday Express. La historia tiene todos los ingredientes que necesitamos para convertirla en leyenda: un gran periódico, un astrólogo, una idea aparentemente nueva y un público enorme. El propio Naylor llegó a atribuirse haber cambiado completamente la actitud pública hacia la astrología, y durante mucho tiempo numerosos autores repitieron que había inventado la columna de signo solar.
Solo hay un problema.
La historia no encaja.
Farnell dedica buena parte de su investigación precisamente a desmontar esa explicación demasiado sencilla. Antes de Naylor ya existían columnas astrológicas, ya existían descripciones de personas según su signo, y ya se publicaban textos que utilizaban el Sol para clasificar temperamento y destino. Y no hablamos solo de unos años antes: hay que retroceder siglos, y después todavía más.
Una idea mucho más antigua de lo que parece
Farnell localiza antecedentes de astrología solar en el siglo XIX, en el XVI, en la Edad Media y finalmente en el mundo antiguo. En algunos textos encontramos personas descritas según el signo bajo el que nacieron; en otros aparecen pronósticos asociados al periodo del año; en otros, el signo ocupado por el Sol se utiliza como una especie de punto de partida para construir una interpretación simplificada.
La historia empieza entonces a cambiar. Quizá el horóscopo moderno de periódico sí sea una creación relativamente reciente, pero la idea de que las personas nacidas cuando el Sol está en determinada zona del zodiaco comparten ciertas características es muchísimo más antigua. Y esto cambia completamente la pregunta.
Ya no necesitamos averiguar:
¿Quién inventó la astrología de signo solar?
La pregunta verdaderamente interesante pasa a ser:
¿Cómo consiguió una idea tan antigua transformarse, siglo tras siglo, hasta convertirse en la forma de astrología más conocida del mundo?
Eso es lo que vamos a seguir durante los próximos treinta días.
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Del templo al teléfono móvil
La historia que vamos a recorrer atraviesa mundos completamente distintos. Empezaremos en Babilonia y pasaremos por Roma, la Edad Media, antiguos calendarios, almanaques que llegaron a los hogares de gente que jamás había leído un libro de astrología, extraños bestsellers, astrólogos que trataron con reyes y políticos y otros que acabaron ante los tribunales.
Más adelante conoceremos a las personas que fueron colocando al Sol en el centro de la astrología moderna. Y solo entonces llegaremos a 1930 y a R. H. Naylor, porque para entender qué hizo realmente aquel año tendremos primero que descubrir todo lo que ya había ocurrido antes.
Después veremos cómo los periódicos, la radio, los libros, la televisión y finalmente Internet transformaron el signo zodiacal en algo que dejó de pertenecer exclusivamente a los astrólogos, hasta llegar a nuestra época: una época en la que podemos ver camisetas con símbolos zodiacales, memes sobre Mercurio retrógrado y personas que nunca han estudiado astrología describiéndose espontáneamente como:
«Soy muy Leo.»
Pero hay otra cuestión que me interesa todavía más
Esta historia no sirve únicamente para conocer el pasado. También plantea una pregunta incómoda para quienes practicamos astrología actualmente:
¿Qué ocurrió cuando tomamos una disciplina compleja y la reducimos prácticamente a un solo factor?
Ganamos algo evidente: accesibilidad. Cualquier persona puede conocer su signo, y cualquier publicación puede ofrecer contenido astrológico a millones de lectores a la vez. Pero quizá también perdimos algo: matices, complejidad, contexto, individualidad.
Durante esta serie iremos viendo cómo esa tensión acompaña prácticamente toda la historia de la astrología popular: hacer la astrología accesible sin convertirla en algo irreconocible. Y esa discusión sigue completamente abierta hoy, porque el signo solar fue probablemente una de las herramientas más eficaces que ha tenido la astrología para llegar al gran público. Pero también se convirtió, para millones de personas, en la propia definición de lo que es la astrología.
¿Cómo ocurrió? Para responder tenemos que empezar mucho antes de los periódicos. Mucho antes incluso de que alguien pudiera decir:
«Soy Aries.»
Mañana: Babilonia, los primeros zodiacos y la sorprendentemente antigua idea de relacionar el momento del nacimiento con el destino.
Fuente principal: Kim Farnell, The True History of Sun Sign Astrology, The Wessex Astrologer. Esta serie reconstruye y comenta la historia de la astrología de signo solar a partir de esta obra, distinguiendo los hechos históricos recogidos por la autora de las reflexiones actuales que iremos desarrollando.


