La energía de la semana: cuando lo imprevisible cambia de dirección
2 al 8 de Febrero de 2026
El lunes llega, pero algo todavía no ha terminado. Se siente en el cuerpo, en esa sensación de estar aún bajo la luz de la Luna llena en Leo, como si la semana anterior no hubiera cerrado del todo. Algo dentro sigue vibrando, quizá con ganas de juego, quizá con un cansancio emocional que pide menos drama y más verdad.
No todo necesita una respuesta inmediata. A veces basta con observar lo que aún resuena.
El pulso de estos días lo marca un cambio silencioso pero decisivo: Urano, ese planeta que nunca avisa y rara vez pide permiso, se detiene y retoma su movimiento directo en Tauro. Desde 2018 ha ido removiendo los cimientos de lo estable: el dinero, el cuerpo, la relación con la tierra, el alimento, la seguridad material. Nada ha quedado intacto. Ahora, al cambiar de dirección, no trae novedades externas, sino una sensación honda de “ya no puedo seguir igual”. Es probable que algo que venía gestándose por dentro ahora pida acción, aunque aún no sepas bien cómo darle forma.
La Luna acompaña este proceso desde lugares distintos. Comienza la semana en Leo, aún caliente por la plenitud reciente, y pronto entra en Virgo, invitando a ordenar, a ajustar, a bajar lo vivido al cuerpo y a lo concreto. No es una energía expansiva, sino consciente. Hacia mitad de semana, al pasar por Libra, la atención se desplaza a los vínculos, al equilibrio entre dar y recibir, a esas conversaciones que quizá llevaban tiempo pendientes.
El fin de semana, con la Luna en Escorpio y en fase de Cuarto Menguante, el clima se vuelve más introspectivo. Es tiempo de soltar, de cerrar capítulos pequeños pero significativos, de dejar de sostener lo que ya pesa.
En medio de este paisaje, Mercurio entra en Piscis y lo hace para quedarse. La mente empieza a moverse en otro registro: más sensible que lógico, más intuitivo que lineal. Puede que las palabras no alcancen del todo, o que se digan cosas desde la emoción más que desde el argumento. No es un tránsito cómodo para decidir rápido, pero sí para escuchar señales, sueños, silencios. Con Mercurio preparando su retrogradación en este signo, la semana ya insinúa un ritmo más lento, más interno, menos orientado a resultados y más fértil por dentro.
No es una semana para forzar certezas. Es una semana para aceptar que algo está cambiando de dirección, incluso si aún no se ve el camino completo. Urano exige flexibilidad, Mercurio reclama sensibilidad y la Luna no acepta medias tintas emocionales. Esto no es un problema a resolver. Es una invitación a cambiar de ritmo.
A continuación, vemos cómo esta energía se despliega para cada signo.




