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Luna Nueva · Eclipse Solar en Acuario

17 de febrero de 2026

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Francisco y Radha
feb 17, 2026
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Hay fenómenos que la astrología lleva siglos nombrando con exactitud y que el lenguaje cotidiano sigue sin encontrar cómo describir del todo. Un eclipse solar anular es uno de ellos.

No es que la luz desaparezca. Es que algo se interpone entre la fuente y quien la recibe. Y durante ese intervalo —breve, técnico, medible— algo cambia. No en el cielo. En el suelo.

El 17 de febrero, con la Luna Nueva exacta en el grado 28 de Acuario, entramos en ese intervalo.

Lo que diferencia un eclipse de una lunación ordinaria

Una Luna Nueva es siempre un comienzo. La conjunción Sol-Luna abre un ciclo de 29 días. Limpia. Reinicia. Devuelve al punto cero.

Un eclipse solar es todo eso y algo más: es una Luna Nueva que ocurre cerca de los nodos lunares, ese eje invisible que marca los puntos de cruce entre la órbita de la Luna y la eclíptica. Cuando Sol, Luna y nodos se alinean con la suficiente precisión, la sombra cae sobre la Tierra. El reloj no solo se reinicia. Se reprograma.

Por eso los astrólogos predictivos, desde los caldeos hasta los contemporáneos, han distinguido siempre entre una lunación común y un eclipse. Los comienzos que inaugura un eclipse no responden del todo a la voluntad consciente. Ocurren en una capa más profunda. Más lenta. Más duradera.

La tradición es clara en este punto: bajo un eclipse, lo que se recomienda no es actuar sino observar. No forzar, sino escuchar qué emerge.

El grado 28 de Acuario y lo que activa

Este eclipse no cae en un punto neutral del zodíaco. El grado 28 de Acuario abre además un nuevo ciclo de eclipses en el eje Acuario-Leo, un ciclo que se desarrollará a lo largo de los próximos dos años.

Acuario es un signo de aire fijo, gobernado en la tradición por Saturno —estructura, responsabilidad, límite— y en la astrología moderna también por Urano —ruptura, discontinuidad, visión de largo alcance—. Su eje opuesto, Leo, habla de identidad personal, protagonismo, creación individual.

La tensión entre ambos signos plantea siempre la misma pregunta: ¿cuánto del propósito individual sirve a algo colectivo? ¿Desde dónde se ejerce el liderazgo: desde el ego o desde la conciencia?

Este eclipse, con su acento acuariano, presiona hacia la segunda opción. No pide brillo. Pide autenticidad. No pide que destaquemos. Pide que seamos coherentes.

Los temas que este ciclo de dos años pondrá en movimiento tienen que ver con la identidad y el propósito personal, con el liderazgo y sus formas, con la pertenencia a comunidades y con la capacidad de actuar desde una convicción genuina en lugar de desde la expectativa ajena.

Un cielo de alta presión

La configuración del momento amplifica todo lo anterior. Sol y Luna se encuentran exactos en conjunción, como corresponde a cualquier Luna Nueva. Pero el contexto planetario es inusualmente denso.

Marte y Vesta también están en Acuario, cargando el signo de voluntad y dedicación sostenida. Venus y el Nodo Norte se encuentran en Piscis, añadiendo una dimensión de sensibilidad y dirección evolutiva orientada hacia la disolución de fronteras. Quirón sigue activo en Aries, señalando heridas relacionadas con la identidad y la acción directa.

Y sobre todo esto, Saturno y Neptuno se aproximan al grado cero de Aries en lo que será, tres días después del eclipse, una de las conjunciones más significativas de las próximas décadas. La conjunción Saturno-Neptuno en ese grado inaugura un ciclo de 35 años. Un ciclo que tiene que ver con la relación entre estructura y disolución, entre lo que queremos construir y lo que ya no podemos sostener, entre identidad colectiva y propósito espiritual.

Urano, mientras tanto, continúa en Tauro, removiendo los cimientos materiales, económicos y nuestros valores que llevan años en proceso de transformación.

Es un cielo tenso. Concentrado. Sin espacio para la ambigüedad cómoda.

La geografía del eclipse y lo que queda marcado

En términos astronómicos, la sombra de este eclipse anular proyectará su trayectoria principalmente sobre la Antártida. No es una zona de alta densidad humana, pero los efectos gravitacionales de un eclipse —presión sobre mareas, tensiones en capas de hielo, fenómenos atmosféricos— no dependen de que haya observadores.

En astrología, sin embargo, lo que importa no es dónde cae la sombra física sino qué punto del zodíaco queda “activado”. El grado 28 de Acuario permanecerá sensible durante aproximadamente 6 meses. Cada vez que un planeta en tránsito lo active —especialmente cuando Marte lo cruce— veremos desplegarse los temas que hoy quedan sembrados.

Quien tenga planetas natales o puntos sensibles entre el grado 27 de Acuario y el 1 de Piscis puede esperar un periodo de movimiento notable. No necesariamente dramático. Pero sí real.

Lo que los eclipses ocultan

Hay una característica de los eclipses que la tradición astrológica ha subrayado siempre y que conviene recordar: bajo un eclipse, la información no está completa.

Algo queda en sombra. No por malicia. Por geometría.

Las decisiones tomadas en torno a un eclipse suelen carecer de algún dato que solo aparecerá más tarde. Los acuerdos firmados bajo estas configuraciones con frecuencia revelan cláusulas que no se vieron al principio. Los comienzos iniciados ahora pueden mostrar su verdadero alcance semanas o meses después.

Esto no significa paralización. Significa prudencia. Significa que la observación activa vale más en estos días que la acción apresurada.

El contexto más amplio: dos ciclos que convergen

Vale la pena situar este eclipse en dos marcos temporales distintos.

El primero es el Año Nuevo del Caballo de Fuego

El 17 de febrero no es solo la fecha del eclipse. En gran parte del mundo, es también el primer día del nuevo año.

Mientras la tradición occidental sitúa el inicio del año en el 1 de enero, siguiendo el calendario gregoriano basado en la órbita de la Tierra alrededor del Sol, más de mil quinientos millones de personas celebran hoy el comienzo de un ciclo diferente. El Año Nuevo Lunar, observado en China, Vietnam, Corea, Tailandia, Singapur, Malasia y sus diásporas por todo el mundo, inaugura este martes el Año del Caballo de Fuego.

Que dos tradiciones tan distintas coincidan en señalar este día como umbral no es casualidad menor.

Por qué el Año Nuevo Lunar cambia de fecha cada año

El calendario lunisolar que rige estas festividades sigue los ciclos de la Luna, no los del Sol. Un mes lunar dura aproximadamente 29,5 días. Doce meses lunares suman unos 354 días, once menos que el año solar. Para evitar que el calendario se desplace respecto a las estaciones, la tradición añade un mes extra cada dos o tres años, un mes intercalado que mantiene el sistema en equilibrio.

Por eso el Año Nuevo Lunar no cae siempre en la misma fecha: oscila dentro de una ventana que va de finales de enero a mediados de marzo. Este año coincide con el eclipse. El grado 28 de Acuario, punto donde Luna y Sol se unen hoy, queda marcado por partida doble.

Lo que este año simboliza en la cosmología china

La denominación de cada año en la tradición china surge de dos ciclos superpuestos. El primero es el de los doce animales del zodíaco oriental, que la mayoría conoce: Rata, Buey, Tigre, Conejo, Dragón, Serpiente, Caballo, Cabra, Mono, Gallo, Perro y Cerdo. El segundo es un ciclo de diez Tallos Celestiales basado en los cinco elementos clásicos —Madera, Fuego, Tierra, Metal y Agua— expresados cada uno en su forma yang, activa y expansiva, o yin, receptiva y contenida.

La combinación de ambos ciclos genera 60 pares únicos. El año que comienza hoy corresponde al par Fuego Yang y Caballo. El Año del Caballo de Fuego Yang.

Este par solo aparece una vez cada sesenta años. El anterior fue 1966. El anterior a ese, 1906. Su rareza lo convierte en uno de los años con mayor carga simbólica dentro del sistema.

La energía del Caballo de Fuego

El Caballo como arquetipo representa el movimiento sin restricciones: la libertad, la aventura, el desplazamiento físico y mental, el carisma social, la resistencia y también la impaciencia. Es un animal que no tolera bien el encierro ni la quietud prolongada.

El Fuego Yang añade a esa naturaleza su propia calidad: pasión, visibilidad, expansión hacia afuera, transformación a través de la acción. No es el fuego que calienta en silencio. Es el que ilumina y, cuando no se controla, consume.

La confluencia de ambos genera uno de los años más intensos y acelerados del ciclo de sesenta. Se espera velocidad en las decisiones, movimientos sociales y culturales de gran visibilidad, liderazgos carismáticos que emergen con fuerza, y también fricciones inevitables cuando voluntades igualmente fuertes se encuentran sin ceder terreno. El fuego purifica o destruye, según cómo se gestione la energía disponible.

El año 1966, último Año del Caballo de Fuego, estuvo marcado por movimientos sociales de alcance generacional, rupturas culturales que tardaron décadas en comprenderse del todo y una aceleración del cambio que superó la capacidad de muchos sistemas para absorberlo.

Una misma fecha, lecturas distintas

Que hoy coincidan un eclipse solar anular en Acuario, el inicio del Año del Caballo de Fuego y la aproximación de la conjunción Saturno-Neptuno en Aries no cambia la naturaleza de ninguno de estos fenómenos por separado. Cada tradición los describe con sus propios instrumentos y su propia lógica interna.

Lo que sí señalan en conjunto es que este día tiene una densidad simbólica poco común. Distintas culturas, con sistemas de observación del tiempo construidos de forma independiente a lo largo de siglos, confluyen en marcar este umbral como un punto de inflexión.

La astrología occidental lo interpreta como el inicio de un ciclo de eclipses que transformará el eje Acuario-Leo durante los próximos dos años. La cosmología china lo inaugura como un año de velocidad, pasión y transformación a través del movimiento.

Que cada cual tome de esa convergencia lo que resuene con su propia forma de leer el tiempo.

El segundo es el ciclo nodal de 18-19 años.

Lo que se puso en marcha entre 2007 y 2008 —también en el eje Acuario-Leo— puede encontrar ahora una segunda vuelta, una resolución o una reformulación. Quienes vivieron aquellos años con conciencia reconocerán los temas que resurgen.

Lo que viene

Los meses que siguen a un eclipse de esta naturaleza rara vez son neutros. No en el sentido de que ocurran catástrofes, sino en el sentido de que las cosas se mueven. Cambian de forma. Revelan lo que estaba pendiente.

En el plano personal: finales que llevaban tiempo anunciándose, reorientaciones del propósito, compromisos con una autenticidad que quizá se había postergado.

En el plano colectivo: reformulaciones de liderazgo, cuestionamiento de estructuras que parecían sólidas, aceleración de procesos que llevaban tiempo gestándose en silencio.

La pregunta que este eclipse deja abierta no es qué va a pasar. Eso ningún método puede decirlo con certeza. La pregunta es otra, más interior:

¿Qué parte de lo que somos estaba esperando este momento para salir a la superficie?


Para leer tu carta en este eclipse

Cada signo que aparece en esta edición describe el área de vida que el eclipse activa según el Ascendente, el Sol o la Luna natal. Son tres perspectivas distintas sobre el mismo fenómeno, y cada una aporta un nivel diferente de información.

El signo solar es el más conocido. Es el signo bajo el que naciste según tu fecha de nacimiento, y describe el área de vida donde este eclipse impulsa tu desarrollo consciente y tu dirección vital.

El Ascendente es el signo que estaba saliendo por el horizonte en el momento exacto de tu nacimiento. Requiere conocer la hora de nacimiento, pero es el que marca con mayor precisión las casas astrológicas y, por tanto, el área concreta de tu vida cotidiana donde el eclipse actúa con más inmediatez.

La Luna natal describe tu mundo emocional e instintivo. Leer el eclipse desde tu signo lunar añade información sobre cómo lo vas a procesar internamente, más allá de lo que ocurra en el exterior.

La lectura más completa combina los tres: el Ascendente para ver qué área de vida se mueve, el Sol para entender hacia dónde empuja la energía, y la Luna para saber cómo lo vas a sentir por dentro.

Si solo conoces tu signo solar, empieza por ahí. Si conoces tu Ascendente, léelo primero: será el más ajustado a tu experiencia real. Y si tienes acceso a tu Luna natal, añádela como una tercera capa de lectura.

¿No sabes tu Ascendente o tu Luna? Con tu fecha, hora y lugar de nacimiento puedes calcularlos de forma gratuita en astroworld.es.

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